Los autores muestran que cuando los centros de placer del cerebro se vuelven menos sensibles, las ratas desarrollan rápidamente el hábito compulsivo de comer en exceso cantidades crecientes de alto contenido calórico y de alto contenido en grasa, hasta llegar a ser obesas.
El consumo excesivo de este tipo de alimentos desencadena la adicción como una respuesta neuroadaptativa de los circuitos de recompensa del cerebro, conduciendo al desarrollo de la alimentación compulsiva.
También se ha encontrado que los niveles de los receptores de dopamina D2 son significativamente menores en los cerebros de los animales obesos, algo similar a lo que se ha observado en drogadictos humanos.
Fuente: Revista Neurología
